Llegamos a Goa a las 6 de la mañana (dos horas antes de lo previsto) después de uno de los peores viajes en bus hasta el momento. Nuestro destino, aconsejados por Julián, iba a ser Anjuna y ya que nos comentó que tenía un amigo español aquí, Eloy, que tenía una agencia de viajes y nos podía ayudar con el alojamiento, decidimos contactar con él. La idea era que al llegar a Mapusa (“Mapsa” como dicen ellos) sobre las 8 de la mañana lo llamáramos y él nos enviaba un taxi para que nos llevara al alojamiento en Anjuna. No íbamos a llamarlo a las 6 de la mañana, no somos tan malos, así que nos sentamos en una especie de “café” a tomarnos un par de tés y esperar que pasara el tiempo. Finalmente, lo llamamos y quedamos en vernos en un restaurante llamado German Bakery de Anjuna dónde él se reuniría con nosotros.
| Una de las muchas marcas que dejaron los portugueses. |
Una vez en nuestra habitación y después de que Eloy nos consiguiera una moto para movernos por allí, nos quedamos fritos en la cama hasta la hora de comer. Entonces decidimos ir a explorar montados en la moto y buscar otro alojamiento para los próximos días: dónde estábamos no era el tipo de alojamiento que buscábamos y queríamos estar más cerca de la playa. Antes de llegar a Anjuna, nos esperábamos un pueblo de costa tipo Tossa de Mar, Playa de Aro… ¡qué ignorantes! Anjuna consiste en una serie de caminos y carreteras que se cruzan entre sí y por las que puedes llegar a cualquier punto (esto nos costó adivinarlo, ¡suerte que íbamos motorizados!), en ellas te encuentras desperdigados casas, restaurantes y alguna que otra tiendecita, pero no había ni rastro de lo que conocemos como un paseo marítimo, jajajaja. Cuando por fin llegamos a la playa, buscamos habitaciones libres en las cabañitas que encontrábamos (aunque ninguna estaba en la playa sino justo detrás de los restaurantes, los cuáles si se encontraban en la misma playa) pero no hubo suerte. Llegamos a lo que parecía uno de los últimos lugares dónde preguntar y allí sí que tuvimos suerte: tenían cabañitas y luego un conjunto de “casas de árbol” abiertas, es decir, sin paredes pero con cortinas y cojines por todas partes, a distintos niveles y en la misma playa. No lo dudamos, era justo lo que queríamos.
A la mañana siguiente, en cuánto nos despertamos hicimos el traslado con mochilas (nosotros dimos dos viajes) y después de instalarnos fuimos a dar una vueltecita por el famoso mercado de los miércoles de Anjuna que teníamos justo al lado. Después de unas compras, nos relajamos en nuestra “casa de árbol” durante los siguientes días, disfrutando del paisaje, la playa, etc. Nos quedamos la moto un par de días más para seguir explorando la zona y al día siguiente quedamos con Eloy en una playa que se encuentra más al norte y que según él está a 20 minutos. A nosotros nos costó más de una hora encontrarla… pero nos lo pasamos de miedo dando vueltas con la moto de un lado a otro y la vuelta ya fue más directa.

Pedro Castro | 4 de marzo de 2012 a las 19:58
Se os vé como reyes en vuestra casa-árbol jeje
Como mola!
Abby and Laura | 5 de marzo de 2012 a las 18:19
Era una gozada! :)
acasme | 6 de marzo de 2012 a las 14:44
Yo de vosotros volvía se ve que se está muy mal alli