Paraíso Phi Phi

Después del viaje en tren y un, muy agradecido, trayecto en bus dónde pudimos dormir un poco, llegamos a Phuket. No habíamos mirado a que zona ir y cuando nos lo preguntaron nos pillaron totalmente desprevenidos, pero lo que si sabíamos era que queríamos playa. Nos dijeron de ir a la playa de Patong pero después de echarle un vistazo a nuestra guía y ver que la describían prácticamente como el Lloret de Mar de Tailandia decidimos optar por la playa de Kata. La zona nos gustó pero cuando nos dimos un chapuzón en la playa no nos impresionó, no tenía nada de especial así que compramos el billete de ferri para irnos a las islas Phi Phi el día siguiente. 


El viaje hasta las islas Phi Phi en sí ya es una gozada. Lo primero que vimos fue la isla donde se grabó la película protagonizada por Leonardi DiCaprio “La Playa”.  Una vez desembarcamos en el puerto (de aguas cristalinas azul turquesa) nos vimos “atacados” por una avalancha de oferta de alojamiento. La verdad es que para el paraíso que son las Phi Phi la llegada es bastante caótica y estresante. Montones de agencias con fotos de todos los hoteles de la isla se agolpan a la salida de los pasajeros de los ferries; nos vimos abrumados pero después de un rato mirando elegimos un hotel en Long Beach. 
Maya Bay.
Si volviéramos, lo haríamos diferente. Long Beach es una de las mejores playas de la isla, pero en la zona sólo hay un puñado de hoteles y la forma más rápida de llegar es en una de las pequeñas barcas-taxi que operan por toda la isla, pero no la única, ya que luego descubrimos que hay un camino que la une al, digamos, “pueblo” en tan sólo unos 20-30 minutos. También descubrimos muchos alojamientos en este camino, algunos muy apetecibles. 

En su paraíso particular.
Sin embargo, una tarde que estábamos reservando (con tiempo) el tren de vuelta a Bangkok para no vernos en la misma situación que en nuestro último viaje, se nos acercó un grupo de cuatro chicos ofreciéndonos compartir una barca-taxi con ellos el día siguiente y visitar Maya Bay bien temprano para evitar la acumulación de turistas y luego un par de islas más. Aceptamos, ya que nos daba libertad para repartir el tiempo como quisiéramos y ver Maya Bay sin tener que ir esquivando turistas. 

Llegamos a “la playa” sobre las 8 de la mañana y ya había bastante gente allí, principalmente afortunados que la visitan con sus propios barcos, pero a pesar de todo pudimos dar un paseo bastante solitario por la zona y admirar la belleza del lugar mientras el sol iba abriéndose paso entre los riscos que envuelven ésta espectacular extensión de arena blanca y aguas turquesas. 

Después de un par de horas aquí y cuando ya empezaba a haber problemas por colocar la toalla (por la subida de la marea y la llegada de más barcos) decidimos poner rumbo a la isla Mosquito e isla Bamboo, ambas con playas que nada tienen que envidiar a la primera. Por el camino también paramos para hacer un poco más de snorkel y aquí, en aguas más profundas el paisaje era aún más impresionante si cabe y la variedad y cantidad de peces de todos los tamaños abrumadora. 

Tristemente, llegó el día de nuestra partida, aunque nos íbamos con la perspectiva de playas igual de impresionantes en las costas de Koh Tao (nuestro siguiente destino) y, al menos nosotros dos, la esperanza, sino casi promesa, de poder volver algún día en un velero.

Chapuzón a la luz de la luna.
Precioso atardecer y acercándose por el este...
Una tormenta de nada. Por suerte, se quedó en el mar.


1 comentarios:

Publicar un comentario