Festival del Desierto y safari

¡Hoy toca safari! De hecho, aún tenemos que concretarlo con el dueño del hotel ya que lo hemos estado mareando desde que llegamos: que si mañana, que si pasado, que si queremos ir a ver el festival, que si no. La verdad es que se está portando genial con nosotros, mucha paciencia, ayudándonos con todo lo que le preguntamos y en ningún momento nos ha presionado para que cogiéramos el safari con él; algo de lo que se queja mucha gente que viene a Jaisalmer. Después de concretar un poco las cosas, nos fuimos a ver los templos que estaban al ladito de nuestro hotel. La misma entrada (100 rupias) sirve para todos (siete en total) interconectados entre sí. Teníamos que dejar los zapatos fuera, ya que está prohibido entrar con zapatos en los templos. Una vez dentro, pudimos admirar las figuras esculpidas en la piedra y de las que sorprende su conservación teniendo en cuenta que datan del S. XVI aproximadamente. La verdad es que visto uno, todos se parecen: son de la misma época, tallados en el mismo material, pero impresionan igualmente. Era también curioso ver que había muchos turistas venidos de otras regiones de la India y que hacían casi más fotos que nosotros.                                                    

Después de comer nos dirigimos al punto dónde debíamos encontrarnos con el jeep para empezar nuestra aventura, pero ya sabéis que aquí nada sale como está planeado. Finalmente, aparece el dueño del hotel, nos damos cuenta de que nos hemos dejado las chaquetas en su tienda, manda a alguien a que nos las traiga, se va, sin decir nada y nos quedamos ahí con la cara de pánfilos viendo que pasan los minutos y ni jeep ni nada. Vuelve a pasar con su motillo sin ni siquiera mirarnos, un chaval nos trae las chaquietas y al cabo de un rato vuelve a aparecer el dueño del hotel diciendo que al ser el festival hay mucho tráfico y que el jeep llegará tarde, genial ¡nos perdemos la carrera de camellos! Pero él se ofrece a llevarnos con su coche para adelantar camino y encontrarnos con el jeep en la carretera. Cuando por fin nos subimos al jeep y ponemos rumbo a las dunas de Sam, dónde se celebran los actos de hoy, nos quedamos maravillados de la gente que va en nuestra misma dirección: no paran de adelantarnos jeeps, coches, autotrickshaws a reventar de gente…y ¡por fin llegamos! Nos vienen a buscar los camelleros con nuestros tres camellos para llevarnos de paseo. Yo soy la última en subir en uno y aprovecho para hacer una secuencia de fotos a Julián (que tiene el camello más quejica) y Abel. La verdad, es que pensaba que esto sería más difícil, dos pasos y ya lo tenemos dominado J Llegamos a un punto dónde nos bajamos y nos indican hacia dónde tenemos que ir para ver la carrera de camellos. La verdad es que, cuando llegamos, sólo vemos gente y más gente, buscamos un hueco desde el que podremos ver el final de la carrera y  al ganador. A pesar de no entender mucho es fascinante observar a toda esta gente, cómo se comportan, chillan cuando está a punto de acabar la carrera, animan, etc. El ambiente está muy animado. A lo lejos, entre las dunas, se divisan un conjunto de cometas de colores que forman parte de otra competición. 

Cuando la carrera termina, todo el mundo se dirige a las dunas, y nosotros los seguimos. Finalmente llegamos a un pequeño escenario, alrededor del cual la gente se acomoda en las lonas que hay en el suelo para que nos sentemos, y eso hacemos. Esperamos y cuando empieza el espectáculo podemos ver danza tradicional, música y a un “hombre” con cara de loco que canta gritando a los cuatro vientos y que por lo visto aquí es bastante famoso. Sin que la fiesta aquí se acabe, nos vamos a nuestro punto de encuentro con los camelleros para empezar nuestra noche en el desierto. Nos quedamos un poco desilusionados cuando vemos que estamos muy cerca de dónde tiene  lugar el festival, pero nos prometen que sobre las 10 de la noche se acaba y no queda nadie allí. Mientras tanto, preparan fuego, masala chai y lo que será nuestra cena: arroz, curry de verduras y chapati  (una especie de pan plano redondo) recién hecho. Todo en el fuego y muy rudimentario, pero muy bien organizado: se nota que hacen esto muy a menudo. Mientras preparan todo, charlamos con el cocinero, bebemos más chai y antes de cenar disfrutamos de los fuegos artificiales del fin de fiesta. 

“El curry no pica” me dice el cocinero. Nooooooo, apenas. Sólo me puedo comer el arroz, con las manos, claro, aquí no hay cubiertos. Menos mal que no se ve mucho y no podemos ver la de porquería que tenemos y, ni que pensar quiero, tienen ellos en las manos. Con el estómago lleno y bastante frío, nos preparan las “camas”: una manta en el suelo y dos para taparnos. La verdad es que no pasamos nada de frío, ni que decir tiene que las mantas pesan 300 kilos cada una. Con los primeros rayos de sol ya escuchamos que nos están preparando el desayuno: tostadas, mantequilla, mermelada, huevos duros, fruta. Estamos impresionados, lástima que al querer experimentar el festival, no hayamos tenido más tiempo para estar de safari. Esto se acaba, recogemos y volvemos a subirnos a los camellos para otro paseíto antes de coger el jeep que nos llevará de vuelta a Jaisalmer.
Cuando llegamos, nos comentan que ha sido la noche más fría de los últimos 30 años, y no nos extraña. Es muy curioso el cambio de temperatura que hay entre el día (en manga corta y sudando) respecto a la noche, pero ¡así es el desierto! Después de una buena ducha en el hotel, comida y despedida de Julián (tenemos destinos distintos a partir de ahora) ponemos rumbo en autobús a nuestro próximo destino: Udaipur.       

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