Jaisalmer, segundo día

Al día siguiente, después de un buen desayuno, nos fuimos con Julián a explorar las tiendecitas ya que queríamos ir a ver los templos jainíes pero, como sólo dejaban entrar a los extranjeros hasta las doce del mediodía, no nos iba a dar tiempo y decidimos dejarlo para el día siguiente. En las tiendas, se nos caía la baba con las cosas que tenían, telas antiguas preciosas, pinturas aún más bonitas hechas delante de nuestros ojos, nos lo hubiéramos llevado todo, pero otra vez será. Abel, eso sí, se provisionó de un par de pares de pantalones que tanto buscaba. Por la tarde, volvimos al centro neurálgico de la fiesta para ver desfile de camellos engalanados, doma de los mismos, acrobacias, etc. 
Se suponía que esa tarde nos íbamos a ir de safari y a dormir en el desierto pero lo cambiamos ya que así aprovecharíamos el viaje para ir a las dunas de Sam dónde, al día siguiente,  era el fin de fiesta con carreras de camellos y otros actos. También lo hicimos para quedarnos un día más aquí, ya que estábamos muy cómodos. 

Vista de la entrada principal del fuerte.
Tomando el sol después de llenar el estómago.

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