Udaipur día 1

En éste segundo viaje en bus, tenemos litera doble, y a pesar de los botes que pegamos, descansamos bastante. Bien temprano llegamos a Udaipur, avasallamiento habitual por parte de los conductores de autorickshaw pero no nos queda otra que regatear con uno y cogerlo. El personal del hotel con el que hablamos por teléfono ya nos advirtió que no pagáramos más de 50 rupias y a pesar de la cara de espanto absoluto que pone el conductor al oír que no le pagaríamos más de 50 acaba aceptando, hecho que confirma que son unos timadores, pero es su forma de ganarse la vida… El conductor y otro que va con él, insisten por el camino para llevarnos a otro hotel (uno en el que seguramente reciben comisión) pero nosotros le decimos que no, que el hotel al que vamos es de un amigo y nos está esperando. Cuando llegamos, entiendo por sus miradas y gestos que se lo preguntan y al ver que no es verdad nos mira como diciendo “me la habéis colado”. Ya les está bien.       

Entrada al Palacio de la ciudad.
Vista de pájaro de Udaipur.
Las primeras impresiones del hotel, nos encantan: un restaurante en la azotea con magníficas vistas al lago y una habitación amplia, limpia y adornada con gusto. Parece ser que la descripción del hotel que vimos en la guía se cumple: es bastante nuevo. Nos dicen que después de una ducha y un descanso, bajemos a darles los pasaportes y registrarnos en el hotel, sin prisa, cosa que se agradece. Una vez hecho esto, nos vamos a explorar la ciudad, entramos al palacio de la ciudad, el museo y buscamos un restaurante del que tenemos referencias que al parecer tiene unas vistas estupendas y la comida está muy buena. El restaurante tampoco nos decepciona y con el estómago lleno, Abel se queda dormido al sol mientras yo aprovecho para hacer algunas fotos. Al salir del restaurante, vamos en busca de una tienda ayurvédica, dónde también hacen masajes, para comprarnos una crema de cuerpo: será el agua o el cambio de clima pero parecemos lagartos. Hecho esto, día completo y para el hotel: buena cena y descanso.


Al día siguiente, cogemos una barquita para dar un paseo por el lago que también te lleva a un islote cercano, dónde hay un hotel con tan sólo unas 5 habitaciones, un bonito jardín y paz en el ambiente. Después de una relajante mañana, nos vamos a callejear un poco y encontramos un gracioso hombrecillo que nos invita a entrar en su tienda para explicarnos como elabora artesanalmente incienso con aceites esenciales; tiene de todos los olores posibles: jazmín, rosa, citronela, el clásico sándalo, canela, etc.  Nos explica que él mismo cultiva las plantas y flores en su jardín y elabora el aceite puro esencial que posteriormente utiliza para hacer el incienso. No nos podemos resistir y compramos unas cuantas barritas. Nos morimos de ganas de probarlas en casa, sobre todo las de citronela para deshacernos de los ¡dichosos mosquitos!
Udaipur nos ha encantado también, es una ciudad distinta a las que hemos visto hasta ahora: más limpia, con aire señorial y un ambiente en el que se respira relax, sin duda gracias, en parte,  a su ubicación rodeada de lagos; pero es hora de seguir nuestro camino y al día siguiente cogemos un autobús nocturno hacía Mumbai.         

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